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Conclusiones II

Después de diez días fuera de Madrid, estas son las conclusiones de mis vacaciones. Las lanzaré de forma escueta porque aún estoy cansada del viaje de ayer. A ver qué sale cuando escribes medio desganada. Ahí van:

1.- A modo de refranero popular, me quedó claro que es cierto que Dios le da pan a quien no tiene dientes. Podría explicaros el por qué, pero eso ya no sería una conclusión. Además, seguro que vosotros mismos tenéis vuestra historia particular.
2.- Mi larga melena ama Madrid. Asturias y Galicia la destrozan por minutos y es horrible tener que resignarte a ello y no poder lucirla como a ti te gustaría.
3.- Borja me ha descubierto un nuevo concepto de calentamiento global bastante divertido. Nunca creí que una simple prenda de ropa pudiese dar para tanto.
4.- La música tradicional gallega puede alcanzar extremos bizarros pasmosos, aunque después de aquella vaqueira asturiana que rezaba: “Dixístime ¿quiés qu’andemos? Que teníes vaques y praos, que por mi cucharíes en chancles…¡Vilos más espabilaos!” ya me había quedado curada de espantos.
5.- Me he dado cuenta de que puedo odiar a alguien, sin querer, en cinco minutos, y también he descubierto que es imposible odiar a la gente a propósito. Es algo totalmente lógico, lo sé ¿cómo vas a odiar queriendo? Pues nunca me había parado a pensar en ello, mira tú.
6.- Los viajes largos con atascos largos me provocan unas ganas sospechosas de matar. En serio.
7.- Mi ahijado, cuando sea mayor, va a molar. Lo presiento.
8.- Tengo que dejar de olvidarme los post-it en casa. Ese chico tan mono del autobús pedía mi teléfono a voces. Y aquel policía del tren que me salvó de aquellos chinos tan pesados. Qué sonrisa tan bonita.
9.- He vivido algunos momentos peligrosos en este periodo de tiempo tan cortito. Podría haber muerto en varias ocasiones, pero sigo viva. Mi ángel de la guarda se llama Álvaro. ¿Conocéis al vuestro?
10.- Me preocupa mucho la ignorancia de algunos adultos, y me preocupa más aún que esos adultos pertenezcan a mi familia.
11.- Miré a uno de mis pilares fundamentales a los ojos y vi a la muerte. Sentí el vacío dentro de sus ojos. Y miedo. Mucho.



P.D: Te echaba de menos, Madrid.