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Rumeurs

Silvia, llámame. YA. Esas fueron las tres palabras que recibí por su parte. Ni una más, ni una menos. Ya sabéis que soy una persona tremendamente pesimista. Y drástica, muy drástica. Sabía que se había ido a Barcelona el miércoles por la tarde. Sabía a qué. Pero él quería que le llamase al fijo de Madrid. Por mi mente, sin poder evitarlo, pasaron en cuestión de segundos decenas de cosas. Surrealistas la mitad. Nefastas todas ellas. ¿Qué ha pasado? –le dije preocupada y medio gritando. Me lo contó.
Si de repente, de un día para otro, tuvieseis seis mil euros en vuestra cuenta: ¿qué haríais? Seis mil euros. En este preciso momento. Tal y como están las cosas. Grité más fuerte. ¿Me lo estás diciendo en serio? Boté. Corrí por mi habitación. Como si Cervero hubiese marcado el gol que el Real Oviedo necesita para volver a primera, como si David me hubiese dicho que mañana se viene a vivir a Madrid, como si me hubiesen concedido esa beca para irme a Nueva Zelanda, como si esos seis mil euros fuesen para mí. No se me ocurría qué decir.
Y ahora aquí estoy, intentando escribir algo al respecto, no sé exactamente qué ni por qué. ¿Creéis que la suerte es un factor importante en nuestras vidas? ¿La intuición puede hacerte ganar seis mil euros? ¿Puede una palabra marcarte el resto de tu vida? ¿Sabría yo cómo invertir esos seis mil euros de forma competente? ¿Es justo que le toquen a alguien que no sabe qué hacer con ellos y que puede que los malgaste tontamente? ¿Es normal que estuviese veinte minutos sin parar de decir “qué fuerte”? ¿Es lógico que flipara y me emocionara casi tanto como él? Seis mil euros. Putamadre. Mira que se dice pronto. Jose, por Dios, haz el favor de utilizar con cabeza la mitad. La otra dámela a mi, que haré lo propio.
A los pocos minutos de esa gran noticia, recibí un mensaje de mi hermano Enrique: “Oh, Dios mío. Se me saltan las lágrimas. No te lo vas a creer cuando lo veas, o mejor dicho, cuando lo escuches”. Automáticamente pensé en una canción de Danny Wright que estamos buscando desde el noventa y ocho. Le llamé. Me dijo: no, es otra que llevamos buscando mucho más tiempo. ¡NO! ¡No me digas que…! SÍ. Volví a botar. Desde el Festival de Cine de San Sebastián de mil novecientos noventa y siete buscando. Y apareció. Como apareció Barcelona. Como apareció esa versión de Moon River. Como apareció el primer corte de ese programa libre tan espectacular. Quizás cuando tenga treinta y cuatro aparezca el segundo corte. Todo aparece tarde o temprano. Sólo tienes que saber buscar, saber esperar y saber reconocerlo. Rumeurs. No me lo puedo creer.
De repente, supe que el día no iba a dar para más, pero lo terminé tremendamente contenta. Es obvio que lo de la canción fue definitivo. Y no me digais eso de "con qué poco te conformas". Son doce años buscando. Estoy deseando escucharla a tu lado. Salgo dentro de cuatro horas.



P.D: ¿Por qué hacía millones de años que no escuchaba esta canción?