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Rosas Negras

De mi época en Radio Laviana guardo a partes iguales cabreos y alegrías. Fue una etapa que me hizo descubrir bastantes grupos que no sonaban en las listas de éxitos de Tony Aguilar y Fernan Disco, ni en los bares que por aquél entonces frecuentábamos mis amigos y yo. Descubrí, por ejemplo, a Hooverphonic, un grupo que se coló en la emisora con un álbum que se llamaba The magnificent tree que sonaba más que bien. Descubrí a un grupo que se llamaba Xemá, unos asturianos que hacían una música que me gustaba bastante (más o menos buena, ahí ya no entro) hasta que decidieron salir en Los Serrano, cambiarse el nombre por El sueño de Morfeo y vender su estilo a Globomedia. Descubrí a Sexy Sady, The Police o Radiohead gracias a Rubén, Luis Ángel y su programa Entre flores raras. Los oidos del viento hicieron que descubriese Behind blue eyes, que me llevó a un álbum de The Who que me marcó bastante en una etapa dura. Fonso y La linterna mágica me hicieron empezar a adorar el mundo de las bandas sonoras de cine. Descubrí que una niña de quince años podía llevarse tremendamente bien con un señor de sesenta que no era su abuelo y que contaba unas historias sobre tangos impresionantes. Y descubrí también a unos finlandeses que cantaban una canción que se llamaba F-F-F-Falling. Era un grupo bastante estridente, con unos componentes de pintas más que cuestionables, y que no conocían ni en su casa, pero cuyo álbum recibimos muy amablemente de los de Universal, como tantos otros. Como ya he dicho, en aquellos momentos yo vivía una etapa bastante dura, y además de Who’s Next, Into me ayudó a descargar toda la rabia acumulada que mi poca sangre no me permitía descargar frente a algunos gilipollas de mi clase.
Por aquél entonces, además de un programa de variedades bastante extraño que compartía con el que durante más de tres años fue mi Juanma Frasquet, heredé la dirección de un programa que se llamaba Los 20 más radiados. Sí, me convertí de repente en la Tony Aguilar de Laviana, pero ojo, mi lista molaba más. Puedo presumir de haber tenido como número uno a Eric Clapton, Pauline en la Playa o el Mad about you del álbum de Hooverphonic que antes mencioné. Y ya me estoy desviando. El caso es que F-F-F-Falling también llegó al número uno después de haber estado cosa de mes y medio en lista. Me gustaba tanto esa canción y me ayudaba a sacar tanta mierda oxidada que empecé a interesarme por el grupo. Descubrí que tenían tres discos más. Que con dieciséis años habían hecho un disco llamado Peep que me hacía imaginar que ellos tenían la misma porquería que yo por dentro y que la descargaban a golpes de bajo, guitarra, batería y voz. Dos años después de Into llegó Dead Letters, álbun con el que empezaron a introducirse en España con un primer single llamado In the shadows. Mis amigos nunca entendieron mi pasión por ellos. “No te pegan”, decían. Ahora se enterarán de que esa pasión es más sencilla de explicar de lo que parece: The Rasmus fue uno de los grupos que me ayudaron a salir del pozo de mi adolescencia de mierda. Supongo que por eso tenía tantas ganas de escuchar su tributo a mi flor favorita: Black Roses. Siguen en su línea, aunque mucho más blandos que cuando los descubrí, cosa que no me disgusta nada. El single mola, pero yo me quedo con la típica que tienen en cada disco, esa que te grita parte de tu vida en pedacitos musicales, como una gran verdad universal. Yesterday, you threw away tomorrow. Y fijaos, el otro día estuvieron en la Joy y me enteré al día siguiente en los informativos. Me sentí fatal por tenerlos olvidados, porque a pesar de que a veces incluso piense que si los descubriese ahora no me molestaría en investigar su historia como banda, les tengo un cariño que me hará adorar su música y defenderles contra viento y marea siempre.



P.D: He vuelto a actualizar a las 11:11. Juro que no lo hago a propósito.