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Secuencia 6, plano 2, toma 10.

Los días de grabación de cualquier cosa son agotadores, pero los de un corto, particularmente, me agotan más. Mueve cámaras, piensa planos; mueve focos, estudia la iluminación; mueve trípodes, muebles, personas. Sí, sé que lo de personas os extrañará. Me levanté a las ocho y media de la mañana y según salí de la ducha ya estaba estresada. Y el día terminó a las siete y media de la tarde. En el fondo es divertido. Te ríes cuando un micro se cuela en plano, cuando un vecino pasa por el portal y se queda con cara de flipado mirando, cuando alguien mete la pata y surgen decenas de tomas falsas y blablabla, pero a última hora estás tan hasta las narices de todo que te da igual si te salen brillos en la frente, si la oreja se te ve porque no la tapaste bien, si el micro se ve por encima del plano o si alguien medio sonríe en una secuencia seria. Estás saturado. Entonces, alguien pronuncia una oración inteligente: venga chicos, seguimos el lunes. Sí, por favor.
El problema, es que ahora tengo la casa “fecha una allaceria” como diría mi güela. Una caja con dos focos desmontados por aquí, un foco montado por allá, una caja con atrezzo por el otro lado, media habitación de Ari desmontada, y en la mia no hay quien entre, claro, porque en algún sitio había que dejar los restos de la habitación de Ari. Qué agobio. Me espera una tarde interesante. Para colmo todavía me duele el culo de la ostia que me metí ayer en las escaleras. Torpe.



P.D: ¡¡Hoy he dormido nueve horas!!