No quiero hacer la maleta. No quiero cargarla de frases y oraciones varias como: “en Madrid, muy bien” “sí, hombre, tenía ganas de venir” “pues no, no sé cuándo volveré” “gracias, gracias, igualmente”. Frases y oraciones cuya veracidad sólo conozco yo. Frases y oraciones que contestan a preguntas que, en realidad, se hacen porque se tienen que hacer, no porque exista un interés real en conocer la respuesta. Las mismas frases y oraciones que llevo diciendo desde dos mil cinco. Por eso soy breve. Cada año más. Me gusta facilitar la agonía de tener que soportar la respuesta. Entre medias, eso sí, sonrisas. ¿Os he dicho alguna vez lo hipócrita que soy? Algún día os lo cuantificaré en escala de uno a diez, pero estoy segura de que voy por debajo de muchos de los que preguntan con tanto interés por mi vida. Hay una gran cantera de actores allí, no sé por qué Luis San Narciso no se pasa más a menudo de visita. Hay cinco cosas, no obstante, que me hacen olvidar un poco la "angustia" de irme, que me ayudan a esbozar una sonrisa, a soportar la carga de hacer esa jodida maleta, a resignarme a coger el autobús mañana. Cinco. Pero sobretodo dos: mis hermanos.
Y para cerrar con un tema diferente, escribiré que definitivamente, ayer terminé de enamorarme de La Latina. Algún día viviré allí, al lado de esa terraza. Con vistas a un mar de luces asimétricas. Algún día haré tantas cosas...
P.D: ¿Cómo no empezar nunca un mundial de F1? Así. Si es que éstos no aprenden.
Os doy la bienvenida y un consejo que un día me dió Benjamin Franklin a través de las palabras: vaciad vuestro bolsillo en vuestra mente, y vuestra mente llenará vuestro bolsillo.
Mi nombre es Silvia Borrajo, una flor de norte que lo dejó todo en un rinconcito de su Asturias del alma para venir a estudiar Comunicación a Madrid. Como amante de todo este mundo pretendo hacer de mi rincón particular en la web una mezcla de todas sus facetas; desde el radiofónico (por desgracia cada vez más olvidado por muchos) hasta el cinematográfico, que tantas maravillas nos ha regalado. Pero no pretendo quedarme ahí. Algo de lo que nunca me cansaré es de pensar, soñar y filosofear en la oscuridad de mi habitación y, seguramente, la mayoría de las veces decida compartir todos esos pensamientos, sueños y filosofías con vosotros.
Espero que los que decidáis quedaros conmigo os lo paséis bien, pero no os lo prometo porque nadie dice que mi vida o mis opiniones sean interesantes, aunque puedo asegurar que cuanto menos, algunas serán diferentes.