Era lo que necesitaba ayer para no matar a Raúl. Creí que tenía la paciencia suficiente para aguantarle, pero se me agotó y ya no me quedaban más frascos.El cabreo es un sentimiento curioso. Llegas a casa dando un portazo y odiando todo lo que te rodea, te metes en la habitación, pones Fall Out Boy que tiene canciones más o menos estridentes para odiar a gusto y terminas tirada en la cama planteándote a qué juegas en la vida, en qué partidos estás participando, con qué equipo vas, cómo van los marcadores. A tu lado, un señor te comenta el minuto y el resultado mientras te vienes abajo porque suena Golden, y su letra te hace más daño que nunca.
Empato a uno contra la universidad, los amigos, mi madre y Raúl. Pierdo contra los nervios, la desilusión y la impotencia. Gano contra el optimismo y la esperanza. Y esos no son todos los partidos en los que estoy metida. Está la cosa jodida, y para colmo tanto ejercicio me agota. Estoy cansada. Hoy quiero pensar que lo de ayer solo fue un mal día. Todos tenemos alguno con mayor o menor asiduidad. Cuando miré el calendario descubrí que el mio ocurrió un día cuatro.
P.D: Me acabo de fijar en el detalle de que, justamente, he actualizado a las 11:11. Me parece perfecto. Una perfecta imperfección para ti, si no te gustan los números impares.
2 comentarios:
Una humilde opinión es decirte ¿para qué tienes un mal día?
saludos
pacobailacoach.blogspot.com
¡Hola, cielo!
Ya sabes que siempre que tengas un mal día o necesites hablar me tienes a una sola pulsación de la tecla verde de tu móvil, previa búsqueda de "Manu" en tu agenda ;-)
¡Besazos, wapísima, mola lo de las 11:11 exactas, cuídate mucho, TKM MUACKISSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!
Manu ;-)
Publicar un comentario