Muchos creen que lo peor de las preguntas que te haces cuando algo termina, es esa incertidumbre que te mata, esas ansias por saber qué hará ella o él, con quién compartirá una cena, una copa o a quién le regalará las sonrisas y abrazos que una vez fueron tuyos. Y en realidad, pocos somos los que realmente nos damos cuenta de que lo peor, sin duda, es precisamente conocer cada una de las respuestas. Si alguien sobrevive alguna vez a eso... podrá con todo lo demás.
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