Once segundos

"Si alguna vez al abrir la puerta de tu casa me encuentras allí, de cuclillas, ciérrala y no la vuelvas a abrir nunca más. Será la única forma de que, algún día, me canse de esperarte". Recordó esas últimas palabras, esos últimos momentos vividos en la oscuridad de una habitación que olía a fuego y a medianoche. Como pudo, comprimió los años en un suspiro. Intentó explicarse a sí mismo lo que nunca había llegado a entender. Intentó entender de alguna manera lo que nunca había probado a explicar. Al abrir la puerta, allí estaba ella de cuclillas. Once segundos, como si de once años se tratasen, le fueron suficientes para tomar una decisión que, en realidad, no creía acertada. Tiempo después murió en su casa. Solo. Encerrado. Y todo por no querer abrir la puerta.

Silvia

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