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Ayer

Ayer iba a ser una de esas noches extrañas, tristes y deprimentes que no te apetece pasar sola; una de esas noches en las que necesitas que alguien te bese o te abrace al dormir. Cuando llegué a Madrid tenía muchas noches así. La capital era demasiado grande para mí y estaba totalmente sola. Qué triste, ¿no? La mayor parte de esas noches las pasaba sola porque no tenía más remedio, sobretodo cuando Paco salía y ni siquiera tenía con quién hablar. Lo único que hacía era contar los días que faltaban para volver a Asturias.
Después de tres años y medio aquí ya no cuento los días para volver. Aunque eche de menos muchas cosas ya me he acostumbrado a Madrid y a su grandeza, pero a esas noches tan largas y tormentosas no me acostumbraré jamás. Desde hace un tiempo tengo muchas. La diferencia es que ahora tengo esos tres años de experiencia, dos compañeras de piso inreíbles y más números de teléfono en mi agenda. Algunos incondicionales, por suerte. Uno de esos números de teléfono incondicionales es el suyo. Hablo mucho de él, pero nunca consigo expresar con palabras lo que realmente siento, aunque también digo siempre que no os interesa. Cualquier día los pocos que me leéis me mandaréis a paseo. Lo sé.
Soy complicada, al menos eso me dicen a menudo. Yo no lo sé. ¿Cuándo una persona es complicada? Los problemas son complicados. Los grandes problemas, quiero decir. ¿Soy un gran problema? Analogía barata, pero vete tú a saber.
Ayer iba a ser una de esas noches extrañas, tristes y deprimentes que no te apetece pasar sola; una de esas noches en las que necesitas que alguien te bese o te abrace al dormir. Pero él adelantó acontecimientos, como si supiera que no iba a querer usar la agenda de números condicionales, y el domingo me pregunto: ¿te vienes mañana a dormir a casa? Dije que sí.
Supongo que todo el mundo tiene un contrario perfecto. Alberto y yo tenemos gustos totalmente opuestos. Musicales, cinematográficos y literarios. No nos gusta tratar los mismos temas de conversación y cuando hablamos de algo trascendental diferimos en todo. Pero, paradójicamente, cuando necesito que alguien me comprenda y no sólo me escuche está ahí, siempre. Cuando necesito que alguien me abrace por las noches está ahí. Cuando necesito que alguien me haga sonreír está ahí. Y si la luz se apaga y siente que estoy mal, me coge de la mano y aprieta con fuerza. Entonces empieza a hablar de temas absurdos. De repente, en cuestión de minutos, la noche larga y tormentosa se apaga igual que se apagó la luz una hora antes, igual que se irán apagando nuestras voces una hora después. Y consigo dormir.
Gracias por tus noches, por tus besos, por tus abrazos, por tus escasos silencios. Por elegir Madrid como lugar de estudio, la URJC como universidad y Comunicación Audiovisual como carrera. Por cruzarte en mi camino. Por todo.

"La tristeza es uno de los sentimientos más extraños. Puedes levantarte un día pensando que ya ha pasado lo peor, que a partir de entonces sólo pueden haber sonrisas. Y de repente, por cualquier tontería, todo vuelve a derrumbarse de nuevo. Por cualquier tontería".



"Que ya sé que he malgastado mucho tiempo pensando en ti. Que ya son 87 días y pasarán otros 87 más. Que me voy a seguir acordando de ti todos los domingos por la mañana. Que mi final feliz solo puede ser contigo. Que te estoy esperando. Que vengas."

Idiota(s)

Cuando quedo con Alberto nunca sé lo que voy a hacer. Simplemente quedamos y ya. Lo que más me mola es que sé que nunca nos vamos a aburrir ni quedar callados, así nos veamos todos los días. Cuando le conocí era ese hortera que llevaba cintas chungas en el pelo y vestía un look extraño entre rapero de pega y algo más no identificado. Daba miedo, en serio, y si a eso unimos que nuestro primer contacto fue un poco inoportuno podría decir que incluso le odiaba un poco. Quién nos ha visto y quién nos ve. No me voy a poner tierna explicándoos el porqué ahora es una de las personas más importantes de mi vida, porque para qué, sé que no os interesa. Lo que sí os voy a explicar, incluso aunque no os interese, es que el sábado pasado iba a su casa a hablar un poco y a fumar una cachimba con tabaco de manzana. Al final terminamos cantando, como siempre, con karaokes cutres con trompetillas de fondo, al más puro estilo de la Orquesta Maravilla. Vale, no sé si existe tal orquesta, pero no me diréis que no es un nombre tipical. La historia es que después de cansarnos de las dichosas trompetillas, nos dedicamos a hacer lo que veréis en el vídeo de abajo. Todo empezó más o menos así:
-¿Hacemos el videoclip de Nena Daconte?
-Qué dices, Alberto.
-¿Tienes algo mejor que hacer?
-No, pero no me sé la letra…
-Pues te la estudias.
Hasta las seis de la mañana en plan flipados poniendo caras a una cámara en una habitación oscura. Sin maquillaje. Sin apenas luz. Con una cámara Mini-DV. Quisiera ver yo a muchos en esas. Y a la misma hora que nos íbamos a dormir, varias ambulancias pasaron por la calle. ¿Y qué? Os preguntaréis. Pues nada, información vacía, que está de moda.
Finalmente, con una silla de escritorio como trípode y un libro como guía, salió esto:




P.D: Hoy he visto al doble de mi primo en el parque, casi le saludo y todo.