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Podía haberle pedido mucho más a un cumpleaños. Una fiesta sorpresa maravillosa, a todos mis amigos en fila india lanzándome besos al aire, un streptease de Miguel Ángel Silvestre, una entrada para el concierto de The Killers...qué sé yo.
De vez en cuando me alegra darme cuenta de que la felicidad de un cumpleaños, en realidad, te la dan las mismas cosas que un día totalmente normal. No la dan cientos de "felicidades" vía tuenti o facebook (muchas de gente que no conozco), ni las fiestas sorpresa, ni que mis amigos me besen o me abracen porque es mi cumpleaños, ni un streptease del Silvestre. Lo de The Killers ya no lo tengo tan claro.
Con un concepto como base tan relativo e inalcanzable, según mi opinión, como el de la felicidad, pasé mi cumpleaños con mi mejor amiga y muchos, según sus estadísticas, dirían que fui feliz. Tamara es esa tarada que, desde tiempos llaniscos, me ha dado miles de momentos a lo largo de mi vida y muy buenos casi todos ellos. Diecinueve años juntas une, es lo que tiene. Lo de hoy fue sencillo y genial. Como tiene que ser. Como me mola que sea. Una charla de muchas horas, una comida perfecta, sidra, un paseo por el Retiro, muchas risas, muchos recuerdos y fotos made in Segade. Y lo demás me dio igual.
No, no me ha cambiado cumplir veintidós. No, no me siento mejor con los dos patitos, pero tampoco peor. Llevo los veintidós tal cual llevaba ayer los veintiuno: muy bien. Las circunstancias que rodean mi vida son las mismas circunstancias que la rodeaban ayer y hoy me he levantado con el mismo sueño, pero con algún que otro mensaje y alguna que otra llamada en mi movil.
Total, que mi nombre sigue siendo Silvia. Nací en Hoyo de Manzanares un veinticuatro de febrero de mil novecientos ochenta y siete y he vivido la mayor parte de mi vida en tierra asturiana. Actualmente estudio Comunicación Audiovisual en Madrid y hoy, además de cumplir veintidós, he pasado uno de los mejores días del año con una de las personas más importantes de mi vida.

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